
Acabo de leer el libro
Chomsky y la globalización. La globalización -ese palabro tan de moda- para la que hay que tener un buen grado de comprensión y análisis. Tan difícil de definir como un portal de internet, la mecánica cuantica o qué apolilla las neuronas de un alpinista.
Hago una abstracción e intento ligarla con el/mi mono asunto.
1/ Algunos creen que significa que todo debe ser igual y homogéneo. Que sus principios vitales -los de algunos- son –como siempre- los únicos buenos e irrebatibles. Hay una gran confusión entre el tocino y la velocidad.
2/ Hay quien piensa que es una putada. Que nos conviene más preservar el entorno y la población con sus culturas y orígenes. Todos los argumentos en contra son posibles (igual que a favor).
3/ Otros piensan que se trata de ir puesto toda la vida.
4/ Son legión los que creen que es un paso evolutivo lógico. Porque mientras ande yo caliente ríase la gente y después de mí ya puede reventar todo.
5/ Incluso los hay que ni saben, ni creen, ni cavilan en nada de lo anterior.
6/ etc. etc.…
A lo que íbamos:
Hay una porción importante de personal que prima la seguridad por encima de cualquier estilo en las vías. Ya sabemos de qué va el rollo.
La otra porción importante del pastel piensa que no, que lo que mola es cada obra en sí misma, que cada una tiene su adn propio y por tanto único e intocable. Menda entre otros.
Queda el grupo mixto: los extremos de cada una de las posiciones, los visionarios y los neutros o nosabenocontesta.
Ya vamos llegando.
Hace unos días en una subzona intrascendente de Montserrat nos dimos de morros con la ingenuidad globalizada.
Imagino que los equipadores de las vías del lugar tuvieron dudas muy grandes con una laja, de la categoría armario ropero, y después “sanearla” quisieron asegurar su posición. Sin rubor ni pensamiento alguno aseguraron la laja con unas barras metálicas –de las que se usan en las obras para los zunchos del hormigón- de 10mm aprox. a modo de tope, rollo obras públicas / sujeción de taludes pero de mentirijillas. Voluntades inexpertas. Su peculiar acción no tiene apenas trascendencia puesto que la laja caerá el día que toque a lo sumo un rato después. Lo más curioso es que no pasa ninguna vía por ella.
Y ya que hemos llegado hasta aquí;
Lo que manifiestamente sí tiene más peligro son los desaguisados con los elementos de seguridad, del tipo de los que uno no debería dudar, como las expansiones y tal.
Pues no, uno no se puede fiar de nadie es un buen principio y ojo con la globalización otro. Pasteles como el que denuncia A5Lunnis
aquí,
acá y
acullá son buen ejemplo. Escaquear gastos en un asunto así es mezquino.
Este personal, altamente globalizado, debe creer que el sacar buenas notas en las clases de manualidades de la escuela más la ocasión de disfrutar de un taladro es patente de corso para juguetear con la jeta del prójimo. Aunque quizá no piensen en eso, ni en nada.
Estas prácticas no son nuevas toda la vida han ocurrido –en los 80’s se reequipó la Colores de Terradets con espits industriales, de pared más delgada, porque eran más económicos en la ferretería-, pero ahora tiene más delito puesto que paradojicamente gracias a la globalización tenemos acceso a más info.
Termino.
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Sin rizar el rizo podemos pensar que: potencialmente tienen más peligro ciertas vías supuestamente bien (re-) equipadas que muchas rutas con poco material fijo e incluso ausente.
¿Se podría a partir de este novedoso concepto -como el de las rutas equipadas deportivamente pero con su punto de incertidumbre aventurera- crear una disciplina aparte? ¿el salto sorpresa o directamente cataklong? Qué
color da el tal Brasil a estas vías?
Como apunta Chomsky en Las Intenciones del Tío Sam “Y no sólo eso, la gente no sabe lo que está sucediendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe. “