lunes, diciembre 10

EL COLOR DE MI CRISTAL.

Cuando uno está creciendo como escalador va conociendo lugares y rutas, muchas veces asume sin darle vueltas -dando como cierto- que el estado de equipamiento de una vía –en el momento en que él la descubre- es el original.
Nada más lejos de la verdad, sobre todo en itinerarios clásicos, con solera.
Este es un ejercicio sobre lo anteriormente expuesto, al que sumo mi parte en la historia de la vía (que no es más que la de un repetidor compulsivo) Mas-Brullet del Serrat del Moro, Montserrat.

La primera vez fue en otoño de 1975. Aparecimos en tren, Nacho Ruiz (16) y menda (17) para dormir en Sta. Cecilia. En el edificio de los curas habían unos bajos –con unas bombillas y sin calefacción, ni tigre, ni ná de ná- que dejaban abiertos y todos nos metíamos allí. El refugio como tal aún no existía.
Aquella noche todo me iba grande. Habían unos tipos con aspecto de saber mucho y es que además parecía que sabían de qué hablaban. Todos cascando por los codos desde dentro del saco, con la cacofonía producida por los clavos y los pedales al vaciar la mochila –siempre el saco de dormir al fondo- con aquellas botas con Araldit en la punta, a mi colega como que ya le iba bien todo aquello, el tío era un intrépido, no dudaba sobre lo bien que nos iría al día siguiente.
Por la mañana, servidor estaba bastante cagao. Era nuestro primer viaje al Serrat del Moro y la primera vía con tantos largos.
Llegué a pie de vía acalorado, con el desayuno en la garganta, cabizbundo y meditabajo. Las primeras palabras que oí fueron: “es sangre”.
Seguí la mirada de todos. Había una mancha de sangre 40m más arriba –justo donde se apoya la gran laja que cubre el primer largo- bajaban muchos hilos de sangre, solo uno llegaba al suelo.
Casi vomito.
En un nanosegundo lo entendí todo. Entre las muchas historias de la noche anterior, oí la de un tío -Bartomeu Puiggrós- que había cascao en la MB hacía unos meses. Un tiempo más tarde conocí al compañero de BP y supe lo que pasó; un error de novatos.
En el rellano a pie de vía había más personajes nuevos para mí. Ramon Artigas, Lluis Agustí “Panadero”, Sergi Martínez y Conrad López. Estos parecía que controlaban más que tipos de la noche anterior. Como que todos íbamos a la misma vía y ellos estaban remolones, nosotros empezamos.
Empleamos las siguientes dos horas y media para llegar a la primera reunión. Empotrando la cleta y metiendo el brazo hasta el codo, clavando tacos de madera para colgar el pedal y luchando con desespero. Era un itinerario que alguien nos había descrito como poco montserratino, nosotros, putos novatos creídos, sólo habíamos escalado agujas de pocos largos y por las placas. En verdad, ninguno de los dos dábamos la talla, nunca nos habíamos encarado a algo así de difícil y técnico.
Fue en la 1ªR cuando asumimos que con nuestra pardillismo y poco arte nos iba a pillar el negro además de dejar la dermis allí. Nos bajamos. Los otros ya se habían pirado hacía rato.
Volví la primavera siguiente con Rokiski y no problemo.
En los siguientes quince años la repetí unas 25 veces. Cuando había llovido y aún estaba mojado, cuando no sabíamos que hacer, cuando llegábamos tarde, cuando había que llevar algún visitante o un amiguete que no escalaba, cuando por primera y única vez escalé asegurado en solitario, para hacer combinaciones de vías, para pasar la resaca, para hacer el diedro Huevo o la Circ Cric e incluso la Nasti de Plasti, para hacer algo.
En 1977 vi por primera vez unos pies de gato en acción, los calzaba Lluís Chacón el guarda del refugio Bartomeu Puiggrós, hizo todo el primer largo por fuera de la fisura –espatarrado- y consiguió dejarnos sorprendidos con aquel calzado.
Por aquel tiempo corría una historia de una escaladora que en el primer largo había empotrado la bota de tal manera, que tuvo que desanudarla para poder sacar el pie y luego el calzado de la fisura. Con el tiempo, aquella chica fue mi compañera durante años y el día que me contó la historia a poco me caigo de la reunión de risa.
En 1978 tuve la suerte de currar bajo las ordenes de Jaume Mas en una estación de esquí. Digo suerte porque siempre me ha atraído conocer personalmente a quien firma una vía clásica. Era un tío muy metódico pero muy nervioso, al que fácilmente poníamos como una moto, gracias a él funcionaba la maquinaria de la estación.
A primeros de los 80’s alguien –creo que AGP- puso tres buriles en la cara derecha del primer largo y volaron casi todos los tacos, se renovaron algunos buriles más –por otros buriles-, coincidió con la época del libro de Meyers.
A mediados de la década Toni García “Vikingo” –durante un tiempo estuvo a cargo del Refu B. Puiggrós- sustituyó todos los buriles por parabolts (también en la Punsola y la EasyRider, todas con el patrocinio de Xavi Barrachina). A partir de aquel momento se podía rapelar con comodidad por ella. Era la manera de encadenar dos vías en una jornada, si bajábamos andando acabábamos siempre succionando birra o así.
En la primavera de 1984, coincidí en los últimos largos con los hermanos Belego y sus amigos, terminaban de equipar la vía de L’avi Xan y para darle continuidad salían por los últimos largos de la MB. Debían estar poco satisfechos con lo que ya habían logrado, estaban “protegiendo” con spits las fisuras de los largos 7º y 9º de la MB. Pillé un punto del 15 y me rebosaba el azufre por las narices al ver spits donde antes solo habían tacos de madera o nada. Entre ellos y nosotros, en la R, topamos con unos pobres lázaros repitiendo la MB que no entendían nada. A mi instancia y con cara de no verlo nada claro me dejaron un martillo, debieron notar algo en el ambiente.
La situación era absurda: los Belego en la 9ª terminando de quitar el polvo de sus spits nuevos y yo –escalando de primero- debajo rompiendo los nuevos de la 7ª a golpes de porra.
Cuando coincidimos en la reunión les dije el nom del porc, ellos -estaban sorprendidos con mi acción (y yo con la suya)- sordearon absolutamente y pasaron de mi como de comer mierda.
Más tarde volví con un cómplice y con una llave fija quitamos todas las chapas de más. Este acto, y algunos más, fueron los detonantes para la famosa reunión de escaladores en otoño de 1985 –en el Orfeó Gracienc- donde quedó claro, al menos para mí, que había otras formas nuevas de tomarse esto de la escalación.
Otro día, un día entre semana, sin cuerdas no tuve valor suficiente para la última fisura, la destrepé. No recuerdo cuando fue mi última vez, creo que en los primeros 90’s y desconozco su estado actual de salud.
En mi primera repetición ya habían algunos buriles. Con el tiempo han crecido, se han multiplicado y mejorado la raza.
Tan sólo refrescar lo que me afirmó J. Mas en su día: durante la primera ascensión, no pusieron buriles.

Imágenes de la 1ª y 9ª tiradas.
Fotos prestadas sin saberlo por JordiR y Xagar.

miércoles, noviembre 28

D·MEN·T en el PENYAGOLOSA

Elguardiánentrelospinchos, destacado especial al Maestrat.


Nueva vía en el Penyagolosa, a cargo de Alex Navarro y J.Mª Castán, escalada, en el mejor estilo, el 28 de agosto de 2007.

“De Mente” 130m 6b. Para repetirla son necesarios aliens y friends.
Abierta a vista en 3 ½ horas, una clara demostración de maestría en estos tiempos de mediocridad del sistema y pérdida de los valores fundamentales de Preuss.
Para Castán es la tercera vía en el Penyagolosa.
Bravo!!