
La perversión de los objetos inanimados (
IPO del guiri Inanimate Perverse Object) es ese axioma por el cual
cualquier objeto inanimado y sin vida propia es apto de hacer una putada en el momento más inesperado.
Así, con la descripción de este fenómeno, queda destapado uno de los principales cimientos de algunos momentos desatinados del escalador.
Empezando por esa presa que se arranca –y sin embargo parecía en perfecto estado de revista- siguiendo por el spit que te has saltado -porque inexplicablemente el viento ha desenroscado y tirado la chapa-, es entonces cuando el pitón que hay debajo –uno que parecía a caldo- salta solo por pasar volando delante de él. Un poco más abajo, el empotrador del 7”-que se ha salido del emplazamiento al chapar el pitón de encima- que debería parar todo no está en su lugar. Finalmente, algo para el vuelo. Aún así, el chicle de la cuerda permite que toquemos al suelo y nos rompamos ambos pieses.
Esto último es un supuesto de IPO de los chungos, hay otros más benignos que no tienen que ver con la propia seguridad pero sí con la comodidad, como cuando inexplicablemente las llaves del carro desaparecen de allí donde estaban guardadas y las de recambio en casa.
A veces el IPO tiene que ver con el suicidio de las posesiones terrenales; como cuando sacas un empotrador del moscata y los dos de al lado deciden tirarse al vacío o en el momento en que ya has dejado de aguantar con una mano la punta de un pitón y al tercer martillazo salta volando a tomar una térmica. Pero el IPO bueno bueno, es cuando te encuentras algo que se ha enajenado del moscata de otro Lázaro.

Once upon a several time… estando de vacaciones con mi nueva novia en Austria en una sola jornada tuvimos dos claras demostraciones de IPO.
Cara sur de la
Rote Fluh, vía del Diedro Sur. Todo iba bien hasta que en la 5ª reunión, mi nuevo amor bebió y en un descuido claramente hormonal no cerró la mochila. En la 6ª se la quitó para dejarla en la repisa, cuando le tocaba escalar y al ponérsela, le dio un volteo muy femenino. Suficiente para que en un segundo todo el contenido saliera despedido del continente y se fuera a tomar por culo.
Todo era tela: una mariconera con las papelas, toda la pasta y las llaves del carro, cantimplora, máquina de fotos, un bocata de arenques y yo que sé que más. Al enterarme, fundí todos mis circuitos para aguantar el subidón y no maldecir a grito pelao, pero el hecho de estar en pleno enamoramiento hizo que los de emergencia funcionaran bien y rápido, la situación lo merecía y ella también.
Rapelé hasta la reunión y allí la encontré rodeada de los dos osterreichers que nos venían persiguiendo. La consolé a ella -que quería derretirse allí mismo dejándome solo con los nativos- y le juré que no pasaba nada, que esto lo arreglaba yo en un golpepicha; dí la venia a los locales para que siguieran pero sin llevarse ni una pieza de las que había puesto por la tirada. Se les escapaba la risa pero les debimos dar pena, hubo acuerdo. Para hacerse los simpas nos dijeron que habían estado en Kalela. ¡¡Que Kapulos!!
Rapelé de nuevo para ver si encontraba algo por casualidad y en una sabina estaba la mariconera liada. Se me quitó el hipo ¡¡Mi buena estrella continuaba!!, el resto de los trastos habían sido engullidos por el IPO, no había nada más pero me dí por satisfecho.
De vuelta a la R hablé con Houston e insistí que el problema no era tan grave, que con la mariconera estabamos salvados pues el contenido estaba intacto y la cantimpla estaba abollada y la máquina de fotos era de ella y las dos cosas me importaban una higa.
Nos volvimos a encordar y terminamos la vía.
En el descenso y para demostrar que el IPO no solo se ensañaba con nosotros encontramos un casco nuevo de trinca –que se habría desprendido misteriosamente del portamaterial de algún Lázaro- y que le caía que ni pintado a mi futura.